Coliguachos en el Lago Yelcho: lo que tienes que saber antes de venir en enero

Enero en el lago Yelcho es uno de los meses más esperados del año. Pero si planeas visitar en enero, hay algo que vale la pena conocer de antemano: los coliguachos. No para asustarte. Para que llegues preparado.

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Coliguachos en el Lago Yelcho: lo que tienes que saber antes de venir en enero
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Enero en el lago Yelcho es uno de los meses más esperados del año. Los días son largos, el agua alcanza su temperatura más agradable y la Patagonia muestra su cara más luminosa. Pero si estás planeando visitar durante el mes de enero, hay algo que vale la pena saber de antemano: los coliguachos.
No para asustarte. Para que llegues preparado.

¿Qué son los coliguachos?

Son insectos pequeños, de color oscuro, que localmente se los llama también matapiojo o simplemente "los bichitos de enero". Se parecen a un tábano en su forma, pero son más pequeños y no pican. No hay picadura, no hay reacción en la piel, no hay veneno.
Lo que sí hay es cantidad. Y zumbido. Y presencia constante cuando estás cerca del agua.
Su hábitat natural es cualquier lugar donde haya agua en movimiento o estancada: orillas del lago, bordes de ríos, desembocaduras, quebradas húmedas. Si pasas el día en el bote, pesca en el río o simplemente estás leyendo cerca de la orilla, los coliguachos van a aparecer.

¿Cuándo llegan y cuándo se van?

Tienen una ventana muy precisa. Aparecen durante los primeros días de enero —generalmente entre el 1 y el 5— y se retiran hacia el 27 del mismo mes. En menos de cuatro semanas completan su ciclo y desaparecen casi tan abruptamente como llegaron.
Fuera de enero, prácticamente no existen. Es uno de los pocos fenómenos naturales de la zona que tiene ese nivel de puntualidad.

La pregunta honesta: ¿qué tan molestos son?

Depende del año. Hay temporadas donde apenas los notás y temporadas donde pueden llegar a ser la conversación del día. No hay forma de predecirlo con anticipación: depende de las condiciones climáticas previas, la temperatura y factores que todavía no están del todo claros.
Lo que sí es constante es que son más densos en las horas centrales del día y cerca de los cursos de agua. En zonas más abiertas, con algo de viento, la presencia baja considerablemente.

¿Qué funciona para manejarlos?

Acá viene la parte que no gusta escuchar: los repelentes convencionales —incluso los más potentes— no tienen efecto sobre los coliguachos. No es que funcionen poco. Es que no funcionan.
Lo que sí ayuda, en la práctica:
  • Ropa de manga larga y colores claros. Reducen la sensación de presencia aunque no los eliminan.
  • El viento es tu aliado. Elegir zonas más despejadas o esperar a que sople algo de brisa hace una diferencia real.
  • Moverse. Cuando estás quieto en la orilla, se concentran. Si estás en actividad —caminando, remando, moviéndote— la molestia es menor.
  • Las horas tempranas y el atardecer. La presencia suele ser más baja a primera hora de la mañana y al caer el sol.

Por qué lo contamos

Podríamos no mencionarlo. Nadie que vende turismo suele hablar de los aspectos incómodos de la naturaleza.
Pero el lago Yelcho es un lugar donde la naturaleza manda. Eso incluye las crecidas del río, la lluvia patagónica que llega sin aviso, el viento sur que puede aparecer en plena tarde de sol, y los coliguachos de enero.
Quien viene al Yelcho buscando naturaleza en estado genuino, generalmente entiende esto. Y quien llega sabiendo lo que hay, disfruta más —porque no está sorprendido, está preparado.
El lago es extraordinario en enero. Los coliguachos son parte del paisaje ese mes, como lo son los queltehues al amanecer o el olor a tierra mojada después de la lluvia. No son una razón para no venir. Son una razón para saber cuándo y cómo moverse.

 
 

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