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Hace unos años, durante una conversación de sobremesa, dejamos caer una idea que en ese momento sonaba a sueño: combinar en un mismo programa pesca con mosca en agua dulce y en agua salada. Truchas, salmones, atunes y sierras desde una misma base. Pocos destinos en el mundo pueden ofrecer algo así. Yelcho sí.
A fines de marzo, el equipo de Flydreamers vino a comprobarlo en terreno. Después de 4.900 kilómetros recorridos desde Buenos Aires en una Toyota Hilux 4x4, cruzando la Ruta de los Altares en Chubut y acampando en el Lago Vintter antes de cruzar a Chile, llegaron al hotel para cuatro días de pesca que valieron cada metro de ese viaje.

Un programa que no se ofrece en muchos lugares
El Lago Yelcho está en la Provincia de Palena, X Región de los Lagos. Tiene 116 km² de origen glaciario, recibe principalmente las aguas del Río Futaleufú y desagua a través del Río Yelcho hacia el Pacífico. Desde el hotel, las montañas que lo rodean —algunas coronadas por glaciares y nieves eternas— se ven imponentes. Pero lo que vuelve único a este punto del mapa es lo que está a 45 kilómetros: la bahía de Corcovado, mar abierto, con atunes y sierras al alcance de una mosca.
Esa combinación —lago, río y mar accesibles desde la misma base— es el corazón del programa que Flydreamers vino a vivir. Los acompañaron Adrián Suazo y Roland Roberts, nuestros guías permanentes, que conocen cada bahía del lago, cada vado del río y cada movimiento de las pajaradas en el mar.
Día 1 — Lago Yelcho: planchado y con truchas
Fin de marzo, mañana tranquila, lago como un espejo. Bruma fina y buena temperatura. La cantidad de piques durante las primeras horas habla por sí sola de la población de truchas del lago y de la poca presión de pesca que tiene. Día completo de mosca en superficie, terminando en Bahía Leones, a los pies del Ventisquero Yelcho, donde cada tanto el glaciar truena con desprendimientos de hielo.
Bahía Leones es uno de esos lugares que cuesta describir sin caer en el lugar común. Una extensa superficie llena de algas con pequeños claros donde las truchas patrullan y aparecen de la nada. Deslizar una fat albert por la superficie y ver subir marrones y arcoíris desde entre las columnas de algas es un tipo de pesca que no se repite en muchos lagos de la Patagonia.

Al mediodía cortamos con un asado en una playa que, en palabras del propio equipo de Flydreamers, no recuerdan haber visto en otros lagos de la región.

Día 2 — Río Yelcho: la búsqueda del chinook
Amaneció con lluvia y viento. Decidimos posponer la salida al mar y bajar al Río Yelcho a buscar salmones chinook. Es un río con caudal de unos 350 m³/s, navegable pero exigente: hay que conocerlo bien. Las costas están cubiertas de coihues, arrayanes, ulmos y nalcas —vegetación propia de una zona con mucha humedad del Pacífico— y el paisaje en sí mismo justifica el día.
La subida de chinook de la temporada no fue la mejor, así que después de una mañana sin éxito con salmones, el equipo terminó el día repasando la costa con streamers. Las truchas respondieron.
Día 3 — Al mar: atunes y sierras en Corcovado
El tercer día salimos rumbo al océano. De camino pasamos por El Amarillo, en pleno Parque Nacional Pumalín —el proyecto de conservación de Douglas Tompkins que protege más de 400.000 hectáreas de bosque valdiviano desde el corazón de los Andes hasta los fiordos del Pacífico.
Salir navegando desde la desembocadura del Río Yelcho hacia el Pacífico, con la Cordillera de los Andes a la espalda asomándose entre nubes espesas, es una experiencia difícil de igualar. Paisaje patagónico con olor a mar.

Fuimos hacia el sur siguiendo la costa, en dos lanchas, como siempre en estas salidas (regla básica: nunca solo, siempre con radio y guías que conozcan la zona). Una colonia de lobos marinos pasó al lado. A lo lejos, las primeras pajaradas —gaviotas, pingüineras, pelícanos y cormoranes peleándose sardinas en la superficie— marcaron el punto. Cuando la pajarada está activa, las aguas se ven nerviosas: las sardinas son atacadas desde abajo por atunes y sierras, y desde arriba por las aves. En medio del revuelo, una sierra saltó limpio fuera del agua a pocos metros de la lancha.
Los atunes aparecieron zigzagueando a 15 metros. Hubo strike, hubo carrera, y hubo el clásico desprendimiento sin explicación que estos peces saben hacer. Más tarde, otra pajarada, otro lanzamiento bien puesto, y esta vez el atún quedó. Una caña #10 arqueada como pocas veces se ve, un reel Tibor girando sin parar, el pez perdiéndose en las profundidades. Foto, liberación, y el silencio raro que queda después de una pelea así.

Día 4 — Mar de nuevo, esta vez sin atunes
Salimos otra vez al mar, con bruma espesa y mar planchado. La marea subiendo. Todo indicaba un gran día. Sin embargo, después de seguir decenas de pajaradas, los atunes no aparecieron. Así es esta pesca: no es fácil, hay que estar muy atento, en movimiento constante, gastar combustible, y cuando finalmente se ve un cardumen llegar con el equipo listo. Un metro de línea de más afuera y se enreda; un metro de menos en el reel y no alcanzás. Los pocos segundos que dan los atunes cuando están a tiro no se repiten.
El equipo que conviene traer
Para estos días en el mar, el equipo es específico: cañas #10 de acción rápida, leaders de unos tres metros armados con fluorocarbon 20 libras y un cable de acero similar como terminal por si entra una sierra. Moscas imitando sardinas de unos 10 cm, lomos negros o azules, panza blanca, con anzuelos bien fuertes. Para el lago y el río, la caja clásica: alguaciles, fat alberts, matukas, woolly buggers y streamers de mayor tamaño no pueden faltar.
La ruta de las aguas
Flydreamers volvió a Buenos Aires por la Carretera Austral Norte hacia Puerto Varas, cortada por tres ferrys entre los fiordos chilenos. El propio recorrido es parte del viaje. En palabras del equipo: "Chile tiene mucho por descubrir, y la Ruta de las Aguas es una buena muestra de ello."
Nosotros nos quedamos con la sensación de siempre: que el programa funciona. Que combinar agua dulce y salada en un mismo destino —con guías que dominan los dos mundos— no es un slogan, es lo que efectivamente ofrece Yelcho. Y que cada vez que alguien con la trayectoria de Flydreamers viene a comprobarlo, salimos con tarea hecha y con ganas de seguir mejorando.
Gracias al equipo por la visita. Los esperamos para la próxima.
¿Querés vivir el mismo programa? Escribinos para armar tu temporada en Yelcho. Diciembre a abril son los mejores meses para combinar truchas, salmones y la salida al mar de Corcovado.

Fuente y crédito de la crónica original: Flydreamers — Yelcho Lodge, Truchas y Atunes en la Patagonia Chilena

